De M. A. Marrodán y de su obra se pueden decir muchas cosas. Porque su obra es dilatada, variada y de calidad. Por mi parte me gustaría referirme, sin embargo, a un solo fragmento, a una de las piezas que me es, en algún sentido, más cercana. Se trata de "El escenario del ente" y "En la marea del ser", recogidas en el tomo VI de SOCIEDAD DE ADAN. Antes de nada, diré que las poesías de las que consta ambas partes las he gozado con intensidad. Porque son vivas, directas, rápidas con el color de un cuadro o el ritmo de una sinfonía. Pero es que, además, la contraposición entre ente y ser ha marcado una época en manos de un filósofo relativamente reciente. La diferencia tiene detrás de sí una larga tradición que el filósofo en cuestión radicalizó e hizo eje de su filosofía. Y al margen de que se esté de acuerdo o no con todo el sistema de Heidegger -que es el filósofo citado- la diferencia es de importancia. Se trata, dicho de manera libre y menos ligada a su autor, de la distinción entre las cosas concebidas de modo compacto, cerrado, inertes o concebidas como proceso temporal, como avance de lo que es a lo que, al final, deja de ser. A lo que, en suma, Mario llama "fatal llamada". En las poesías de M. A. resuena la diferencia, poetizada, personalizada, sugerida. Solo que M. A. no cae en pesimismo alguno. Siempre encuentra un punto de apoyo, una apertura salvadora, una tinta a la tragedia. En esa combinación de sabio reconocimiento de la condición humana efímera con la convicción de que existe, de alguna extraña manera, un horizonte de esperanza. Dije antes que el ser del ente es lo que reduce aquel a tiempo. Y eso solo sucede por medio del ser temporal por excelencia: el ser humano. Y al ser humano por mucho que se deslice -como se desliza- a la muerte ("transito", "transcurrir", "tic-tac", "existencia opaca" y un sin fin de expresiones que usa M. A. en la descripción del ser que va hacia la muerte) posee alas. He aquí, algunas de las fórmulas de esa otra cara que desafía incluso a la muerte: "radiante", "sabia luz", "carro de sol", "Vía Láctea florida", "permanentemente dando sentido al alma del gusano", "alma de la aurora", "brillar de nuevo mañana", etc., etc. Lo expuesto valga como muestra. Una muestra realmente significativa. Indica, entre otras cosas, que dentro de la poesía de M. A. anida una concepción amplia de las cosas. Y muy especialmente del ser humano. Lo dejo como constancia, en primer lugar, de la admiración que me produce su manera de pensar poética. Y en segundo lugar, como tarea que, en algún momento, debería hacerse rastreando toda su obra. Para poner de manifiesto que si bien la poesía, como indicó el clásico, trataba de pensar sin palabras, el pensamiento -lo sabe M. A.- habita en la poesía.
Javier Sádaba
Filósofo
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